Mostrando entradas con la etiqueta Diciembre 2012. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diciembre 2012. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de marzo de 2013

LOS SONIDOS DE MI PUEBLO (TULYEHUALCO), MELCHOR MOLOTLA MOLOTLA


LOS SONIDOS DE MI PUEBLO  (TULYEHUALCO)

MELCHOR MOLOTLA MOLOTLA

Tengo la certeza de ser una persona afortunada de vivir el mundo de mis padres  y el mundo de mis hijos, dos mundos totalmente diferentes.

El mundo de mis padres fue compartido con nosotros sus hijos; su mundo rural fue de campo, donde se escuchaba el canto de las aves, esas pequeñas criaturas que inundaban los cielos limpios y azules de mi pueblo, en contraste con las aguas nítidas y cristalinas de los canales y acequias de las chinampas, rodeada de ahuejotes simulando soldados custodiando a tan preciado legado de nuestros abuelos.
Los sonidos del relincho de los caballos o el trote de estos, mugir de las vacas pidiéndole a su dueño de comer o de tomar agua. Sonidos comunes que prácticamente ya desaparecieron.
Dentro estos sonidos comunes  que generaba nuestras actividades cotidianas; era la ordeña y darles de comer el salvado a las vacas para después sacarlas a pastar, ya sea en la hacienda o en lo de chavarria lo que hoy es la quiahuatla,  era un mundo de ganado el que salía y en el  trayecto por las calles se escuchaba el bramido de las vacas recién paridas buscando a su crió, sobre todo las primerizas  que no sabían como estaba la onda; con estas era una pachanga para ordeñarlas pues no estaban acostumbradas que les jalaran las chichis ¡carajo! Eran mentadas de madre y uno que otro madrazo hasta que por fin las amansabas. Las vacas mas grandes ya sabían y no se tenia problemas en cuanto a la ordeña, pero una que otra ves se les metía el diablo y pateaban hacia enfrente y casi te ponían de sobrero la cubeta de ordeña  o te empezaban a golpear con la cola para molestarte ¡que pinché coraje! por que  a veces te pegaban en la cara y  te la  metían hasta en al boca, pos ni modo madrazo seguro y mentadas de madre por toneladas y deberás no es que fuéramos mal hablados si que nos hicieron que fuéramos así.

Nuestras madres en la cocina atizándole al tlecuilt muy apuradas para calentar la comida o hacerla para los que se iban al campo o a la escuela por la mañana.
Nuestro desayunado y comida era en base a lo que se producía: leche, carne, el maíz en su diferentes formas, en tlaxcales, hitacates mezclados con nata, atole, pinole con azúcar, quesadillas con flor de calabaza o de huitlacoche, requesón, calostros(leche tierna), etc., etc., no faltaba los frijoles en todas su formas, con calabacitas, molidos con sus respectivo epazote, en algunas ocasiones con nopalitos o con tunitas o con xoconostles, los  amanehuas; los frijoles amanehuas era fríjol tierno recién cosechado del cerro.
Imagínense  con unas tortillas a mano recién salidas del comal y acompañado con unas rajas de chile fritas o un chile molcajeteado. ¡Me cay eso si era comer!
El sonido de la leña quemándose, el grito de nuestra madre pidiendo mas leña, o el grito dense prisa que ya es tarde para ir a la escuela y no han terminado de atender las vacas.
Por las tardes todo un poco mas tranquilo nuestras madres nos llamaban para comer y como en ese tiempo cada familia tenia mínimo cinco hijos, nos sentaban alrededor del tlecuitl  para que cada uno de nosotros tomara las tortillas que nos comeríamos, pero ¡ahí! ¡Ahí! Estaba el problema el comal no nos daba abasto y eran unas pinches  peleaderas de la rechingada, pero al final nuestras madres sabían cuanto comía cada uno de nosotros, y alcanzaba para todos.
Después de terminar nuestros labores,  salíamos  a jugar; salíamos y entrábamos de las casas de los vecinos, no había ninguna restricción, ¡éramos libres!.
Dentro de estos juegos estaba el frontón; no había pared que no acusara las huellas de las pelotas y las calles se convertían en canchas de fut bool.
Ya por las noches después de hacer la tarea ¡ha! escuchar tu programa favorito de radio . La radio te trasportaba al mundo de la imaginación y en un abrir y cerrar los ojos  estabas en la selva, en los ríos, en las  montañas. Escuchabas  el ruido de la lluvia, los gritos de peligro, el aullar de un coyote, el sonido del disparo de una arma de fuego y todo era alrededor de ese aparatito.  Se formaba un ambiente de suspenso entre las personas que lo escuchábamos.
Los programas mas populares de la radio, Kaliman, Cucho el roto, Profirió Cadena el ojo de vidrio, Programas musicales, el rock en español, y un chingo de anuncios comerciales.  

ENTRA LA TELEVISION:
Pocas familias podían darse el lujo de tener un aparatito de esos, era caro,  en consecuencia pocas televisiones había en el pueblo y para verlas teníamos que ir con Doña Maria la Cucurucha o con Doña Aurelia Mendoza esposa de Félix Mundo. El costo de la entrada a la tele era de 20 centavos ¡de aquellos tiempos!
Algo que no puedo dejar de escribir.: fue cuando mi  abuela compro su televisión, “Blanco y negro” de bulbos ¡como los radios!, con tecnología de punta ¡que maravilla!, para nosotros era un aparato muy novedoso. Recuerdo que los técnicos la instalaron y le comentaron que debería probar la televisión y  si le gustaba o no,  mi abuela muy cuidadosa con el fabuloso aparato, no nos dejaba pasarle a otro canal, puesto que tendrían que llegar los técnicos a enseñarnos como se hacia. ! Que cosas no!
Los programas mas vistos fueron  “Eran tres de caballería, en el viejo Oeste Americano”, “Rin tin tin, perro soldado y su dueño Rosty”, “El llanero solitario y su fiel amigo Toro”. “La Ley del Revolver con el peculiar Chester”, “Los locos Adams con el tío cosa y el amo de llaves, Largo,” “Hechizada hermosa mujer y sus travesuras de bruja buena”, “Mister Ed, el caballo que habla”, “Lassie no se si se escriba así, en la granja”.
La tecnología electronica entro a mi pueblo a mi barrio y cambio poco a poco nuestro modos vivendus
El cine de Tulyehualco también llamado el de la viga;
Su nombre  es debido que en lugar de butacas como asientos  eran vigas descansadas en troncos de árboles !Ha! y eso no es todo, el cine tenia un altavoz  en frente  junto a la pantalla, del lado derecho a la vista de todos y  cada ocasión que se rompía la cinta ¡si la cinta!,   ¡aunque ustedes no lo crean!, y después venían los chiflidos, gritos y pedradas a  la bocina y mentadas de madre. ¡Creo que era parte del folklore!
El cine se encontraba en Av. La paz entre Josefa Ortiz de Domínguez e Ignacio Zaragoza, ahora casa de la familia de Don Pepe Villarruel, era una casa semi derruida, con una construccion vastante antigua, hecha de cal y canto, a un  lado de esta  estaba el local casi al aire libre, su techo de laminas de metal y piso de tierra, el proyector estaba en la parte tracera  de la sala sobre un árbol  en una pequeña cabaña tipo tarzan (Arroz) y de pantalla un aplanado de yeso sucio con excremento de mosca..
Para promocionar el cine pegaban cartelones en todos los postes de pueblo, también utilizaban una camioneta armada con un altavoz anunciado películas en todos los pueblos Otra forma de promover el cine  fue en el propio cine ¡ahí! se colocaba un altavoz arriba de la casa, pero dentro de estos anuncios no faltaba quien se pusiera a cantar como el Pedro “el pica piedra” que demostraba sus dotes de cantante.
Principalmente se exhibían películas relacionadas al campo mexicano, las del Santo o de terror. ¡Cuando eran de terror mi amigo! ¡No masques! para regresar a casa habría que chigarse, por que el pueblo tenia un piche foquito en cada esquina, las paredes de las casas eran muy altas, y las leyendas de espanto del pueblo, formaban un ambiente cabrón sobre todo para mi que tenia que pasar por algunas casas abandonadas, coma el molino de aceite de olivo, el callejón de los palacios, que estaba muy obscuro y el foquito de la esquina de mi casa que no alumbraba ni madres ¡que miedo! Pero eso si a otro día presumiendo de que fui a ver la película  ¡que chingón no!

El sonido del reloj del pueblo, tenia o tiene  ¿no se? Cuatro tamaños de campana, la mas grande marcaba la hora y las restantes eran para marcar los 45, 30, 15, minutos,  cada campana tenia su rol, dependiendo el tamaño de esta, la mas grande tenia un sonido mas fuerte que las demás y la de 45 minutos su sonido era menor y así hasta llegar hasta los 15 minutos.
En ese tiempo no  todos contábamos con un reloj en casa, no  como ahora que dizque digitales con muchos sonidos y hasta con todo tipo música.
En Tulyehualco toda la población escolar tenia muy presente tres sonidos; el del reloj que siempre estaba adelantado con 5 minutos, creo que subdelegado y que ahora se le llama coordinador territorial adelantaba el reloj, para que todos nos diéramos prisa al sonido de de las campanas,  el segundo sonido aun mas fuerte era el escape de la chimenea  de la empresa INTECOMSA. Prácticamente era la segunda llamada a clases, y chinge a su madre, todos corriendo, era una boruca en las calles encabronada, las  madres jalando a los hijos para que no llegar tarde a sus clases. A veces con un baño ranchero con olor  a vaca y descalzos por que no había pa mas.
El tercer sonido era ya dentro de la escuela, ese sonido, era la campana que mas que campana era un tubo de fierro, que don panchito tocaba con una martillo, pero ! ahora si¡ ya nadie podía entrar a las filas de cada grupo, por que ya se iba hacer la ceremonia y honores a la bandera y no se podía interrumpir ese acto cívico, en donde se tocaba el himno nacional y se pasea la bandera, dentro de este acto había recitaciones y palabras del director haciendo alusión a la patria.
Don Panchito como todos lo conocíamos era un señor alto de unos 65 años de edad, bonachón,  muy fuerte, impactaba su corpulencia, pero bondadoso, en contraste con el director  don benito caballero hombre serio atento y caballeroso impulsor de la educación en Tulyehualco.
 Algo que no olvido son los chiflidos:
Sonidos peculiares guturales: cada familia tenía su propio chiflido, era una forma de comunicación común dentro de nuestro pueblo.
 ¡Pero como nadie! Tulyehualco tiene  un chiflido en  común que se esta perdiendo en el tiempo, chiflido  que nos identifica en cualquier parte del mundo,  hasta en china, como cuando el equipo de Tulyehualco piso las canchas de ese remoto país.  
En los encuentros  de fut bool., era una pieza fundamental e importante de comunicación, hasta los cronistas de fut bool  hacían comentarios sobre  este fenómeno.

El chiflido fue pieza fundamental para los novios,
Cuando tú ibas a ver a tu chica lo primero que hacías era chiflarle para que ella supiera que tú estabas ahí.
Tú como novio tenias que inventar un chiflido que te identificara que eras tú, para que ella saliera sin error.
Ahora chiflarle a una novia es una mentada de madre, o le hablas por celular o chateas en computadora o simplemente por el teléfono de casa.
Estos son los sonidos de las actividades cotidianas de un pueblo rural típico, de aquellos años en donde no había carros, carros y más carros, que nos han facilitado nuestras vidas pero que han limitado nuestra libertad cotidiana. Ya no hay el grito en las calles de gool  o el tanteo de vamos 2 a 1, sale bola, o el ya me robaste un tanto.
Ahora para practicar cualquier activadas física debemos acudir a  lugares especiales, encerrados. Se perdió el barrio y sus sonidos ancestrales.
El barrio era nuestro como lo fue de la palomilla (grupo de jóvenes de la época de nuestros padres).
El barrio era identificación, convivencia y después  nuestro pueblo como nuestra matria  que los vio y  nos vio nacer, crecer y morir.



Textos de Beatriz Fernández


Textos de Beatriz Fernández (Betty Love)
I.
Comenzaba la noche, la sutileza de la luz en aquel lugar tan acogedor, unos tragos de cerveza que me incitaban y desinhibían, pasaban las horas, me tenía seducida tu sonrisa, ya estaba apresada en tu cuerpo embriagador, captaste mi atención con tu pertinaz mirada en el mismo instante en que te volteé a ver, te gocé en una danza, sintiendo tu abdomen y el movimiento de tu pelvis a ritmo de una seductora salsa, te tuve tan cerca, era inevitable meter mi entrepierna en cada acercamiento rozando tu virilidad, torturándome deliciosamente. Anochecía y cada vez bajaba más la temperatura, mi cuerpo estaba confundido erizado por la mezcla de frío y excitación. Mis gritos silenciosos anhelando sentirme en tu cálido ser, haciéndome temblar como una campana de cristal, sin prisas ni aliento, en un tiempo inmoral… desde esa noche permanezco inquieta, perturbada, excitada al recuerdo, buscando condensar mis sueños…
II.
Con mis cabellos rizados, mis faldas cortas, mis gritos en tu oído, zapatillas ruidosas, sin ropa interior, todo entramado, buscando que memorices cada uno de mis lunares, siempre corriendo riesgos, invadiendo vidas, preocupándome y ocupándome en seducir y enamorar, brindándome y entregándome completamente... así es mi forma estúpida de amar...
 

Poemas de Ana Romano


Poemas de Ana Romano

GAMA


Asteriscos modula el aire
Prismas tricolores
bordan el follaje
La brisa bosteza
Estira la niña los brazos
mientras la nube se disfraza
Recorre, atrevido
el pájaro, el pincel
Aguarda
la paleta de colores
al bastidor.

PRESAGIO


Apiñada
entre tablas
se acopla
La mirada
mansa
Es
llena de vida
que sucumbe
El hombre aguijonea
Con premura
los colores
Estéril es la entrega
Masacran

Y el suplicio.




MADRIGUERA


Dormida
espío
pequeños huecos
El hielo encubre
el amor llagado

Es en la noche tapiando
el nido

o sueño demorado

Azotados los pensamientos
por el timbre.





Vigneron, Iván Medina Castro


Vigneron
Iván Medina Castro



Habían pasado varios meses desde mi gloriosa graduación con pompas y fanfarrias en la prestigiosa escuela de enología, la Autónoma Universidad de Garonne en Bordeaux. Y yo, aun sin una ocupación digna de un servidor a Baco. No estaba preocupado por el dinero, pues aun me quedaba un sólido ahorro en plata de mis comisiones en la elaboración de un rosado vulgar de los lastimeros viñedos de Labarde que había decidido guardar de bajo del colchón. “Rouge Petit” fue el ridículo resultado de mis variedades mezcladas en proporciones desconocidas entre el mosto cabernet franc y cabernet sauvignon. Un vino           -dejando a trás la crítica del triangular y ámbar envase y su deficiente carta de añada- carente de cuerpo y nulo equilibrio en la acidez; acerbo, entre muchas otras cosas. Con toda franqueza, un caldo -como bien diría con total propiedad mi venerado maestro de primer semestre, monsieur Balzac–: “incorrecto”; sin embargo, pese a la inconexión del vino, el pillo del tendero vendía en la “Dauzac” cajas de veinticuatro botellas como si la bebida fuese de grand cru. ¡Increíble! En verdad no sé cómo le hacía aquel carcamán en lograr tan excelente salida a un rosado que de dominación y origen sólo daba fe la etiqueta. Pero eso a mi me importaba un escobajo, él me pagaba por mis conocimientos buena guita y listo.

Mi verdadera intranquilidad se centraba en la falta de una oferta laboral al nivel de una persona que posee la ciencia del vino, además de ser galardonado numerosas veces por mis infalibles fichas de cata. Desde la pasantía solicité empleo en las tres más importantes bodegas productoras de toda Francia y quizás del Mediterráneo: Groupement Agrícola Moncier Albert Long Depaquit, Maison Albert Bichot y sobre todas ellas: Château Margaux. Tenía muy claro que en la adquisición de un trabajo de tal nivel requeriría de la virtud de la paciencia, la cual, siendo honesto carecía completamente.

Las semanas transcurrían pesadamente y en mi teléfono ninguna llamada de las esperadas. Estaba hecho un impaciente gorilón, ya no se me ocurrían otras actividades a realizar además de las acostumbradas, así que aprendí a jugar ajedrez, leía libros de temas relacionados con la bebida sagrada y ocasionalmente componía algunos tangos para ejecutar en la guitarra. Reconozco, de no ser por el musée du Vin, ubicado a dos cuadras de mi departamento, el semanario vinícola editado y publicado por el club de gourmet vinos de gran clase y mis constantes compras de fermento de todo el mundo estaría sumido en una crisis depresiva. 

Mi economía se esfumó antes de lo previsto y mi tacaña novia, Odred, rehusaba seguir pagando la renta argumentando una sarta de boberías, entre las cuales, hacía mayor reproche al popular análisis organoléptico ofrecido cada viernes en la vivienda con algunos allegados colegas. Bajo semejante desfachatez, me vi en la necesidad de buscar al viejo Labarde y volver a colaborar con él, sólo que esta vez, le exigiría realizar claretes amplios de verdadera crianza con cien por ciento variedad pinot noir del viñedo de Chambertin, y por supuesto cesar con el timo a los consumidores, todo por la nobleza del vino. Pues la máxima dice: ¡No hay malos vinos, sino malos productores!

Fui al barrio argelino y estando de frente al “Dauzac” se encontraba con las cortinas metálicas cerradas, sucias y descuidadas, además de dejar ver enormes sellos amarillos del ministerio de finanzas con la leyenda “clausurado”. No fue difícil inferir que la policía comercial había pillado al bonachón en el fraude de las etiquetas. Suerte tuve al alejarme a tiempo del señor Pierre -pensé en mis adentros- e inmediatamente me fui de aquel sitio, pues no quería involucrarme y volver a ser fichado.

Cabizbajo, de regreso a casa, decidí bajar del metro a cuatro paradas antes de la correspondiente estación para poder meditar y quizás al andar vislumbrar alguna solución, o mejor aun, una buena excusa para Odred y así convencerla de pagar la mensualidad. Tomé camino por la avenida central De Gaulle –la arteria comercial más bella de París- y al kilómetro de mi andar me encontré con la inauguración de un lujoso restaurante de comida Madrileña. Me llevé la sorpresa de mi vida, necesitaban urgentemente cubrir el puesto de sommelier pues repentinamente el tipo a quien se le asignó el cargo regresó a su tierra. Yo estaba hecho un incrédulo. Hablé con el gerente, presenté mis cartas de recomendación y sin basilar acepté la posición. El empleo resultaba interesante, el restaurante gozaba de una gran variedad de los más famosos vinos españoles, lo que me ayudaría a ahondar en mi laxo conocimiento sobre los caldos ibéricos. Al mes de laborar ya estaba harto, me sabía de memoria toda la cava del lugar, la cual, por cierto, me prohibieron degustar, me tenían trabajando horas extras sin paga y el sueldo era raquítico.

Tomé la decisión de presentarme a mi faena por última vez ya que se decantarían unas botellas de vino blanco de Navarra Gran Reserva de los viñedos de Irache de 1945, un excepcional año, un deleite a experimentar. Todo trascurría con una tranquilidad oportuna permitiéndome escuche detrás de mí la conversación acalorada de dos elegantes caballeros portugueses discutir sobre el exorbitante monto dispuestos a pagar por poseer en sus manos el envase premier grand cru classé Château Margaux subastado en la mansión Gironde de París el día de mañana.

Gracias a mis habilidosas manos estaba en primera fila, sentado en una de las cómodas y exclusivas butacas de la Gironde. Siguiendo con la puntualidad del programa, se presentó imponente ante nuestra incrédula mirada una de las dos raras botellas con fecha de 1771 en perfecto estado, halladas dentro de uno de los féretros de las catacumbas bajo los escombros de un templo católico romano. El monto al comenzar la subasta fue de cincuenta mil euros, y así, sucesivamente aquel manjar iba incrementando su antigüedad en oro. Súbitamente, desconcertando a los asistentes, una falla eléctrica extinguió la iluminación por escasos minutos siendo aprovechado por mi impulso a la posesión de codiciado tesoro. Abrí tanto como pude los ojos para captar el más ligero haz de luz en el salón y tras algunos tropezones me acerqué tanto como creí prudente al podium, estiré mis brazos temblorosos sosteniendo como pude el áspero envase y cuando sentí tenerla salí pronto del recinto sin ninguna complicación. Había sido todo un triunfo.

En la seguridad de mi hogar, contemplé absorto por algunos días la botella, analicé su carta de añada e investigué todo lo referente a tan magnífico y único ejemplar, hasta decidir finalmente degustar su caldo revitalizante como si se tratase del elixir de la vida. Descorché con ansia el acerado corcho y sutil delicia, un extaciante aroma emanó cual genio benefactor impregnándose por doquier. Mis frustraciones desaparecieron a tan alborozada felicidad. Preparé unas copas de vino de cristal cortado -pulcramente pulidas-, que a la merced de la uniforme luminosidad diáfana del sol, observé maravillado tan intensos destellos de un matiz rojo ocre. Llevé a mis belfos el arterciopelado líquido e ingerí hasta la última gota, saciado al lograr la catarsis, me encerré en mi alcoba y noté parpadear la fuerte ráfaga roja en la máquina de mensajes, presioné el botón para escuchar mis recados y claramente una apacible voz bacante decía: “Garçon Louis Combes, se le invita a concertar lo más pronto posible una entrevista con la directora de recursos humanos de Château Margaux”, me acosté en la cama y dormí profundamente con la bendición de Dionisio.

A la semana del exitoso robo en la Gironde, el periódico “Le monde” en su primera plana anunciaba el hallazgo del criminal quien fuera encontrado muerto en su lecho. En entrevista exclusiva con la dueña de los vidueños de Château Margaux, Corinne Mentzelopoulos, nos confirmó sobre el fuerte contenido en arsénico de los dos vinos subastados, ya que de acuerdo al último informe antropológico de los cuerpos encontrados dentro de los ataúdes, una muerte comunal se había desarrollado en la abadía producto al consumo del vino.





imc_grozny@yahoo.com