lunes, 14 de septiembre de 2020

El poeta argentino Roberto D. Malatesta responde a las preguntas de Rolando Revagliatti

 

“Lo importante es no convertir el estilo en un mecanismo: eso sería la muerte”

Roberto D. Malatesta responde “En cuestión: un cuestionario” de Rolando Revagliatti
Rolando Revagliatti
viernes, 24 de julio de 2020, 08:29 h (CET)

Roberto D. Malatesta nació el 27 de diciembre de 1961 en la ciudad de Santa Fe (donde reside), capital de la provincia homónima, la Argentina. Es Contador Público Nacional, egresado de la Universidad Nacional del Litoral en 1989. Entre otras distinciones, obtuvo el Premio Municipalidad de Santa Fe 1994 y el Premio José Pedroni 2000-2005, obra édita, y 2006-2009, obra inédita. Su proyecto “Esperanza – Spoon River” recibió la Beca de Creación del Fondo Nacional de las Artes. Coordinó talleres literarios en instituciones de su provincia y el Ciclo “Lecturas del Entrepiso” (Foro Cultural, extensión universitaria, UNL, 2010-2011). Efectuó reseñas literarias para las revistas “Fénix” y “Omero”, y para el diario “El Litoral” de la ciudad de Santa Fe. Desde 2004 participa en congresos y encuentros en diversas localidades de su país. Junto a la cantante ‘Flopa’ Lestani presentó espectáculos de poesía y música. Poemas suyos fueron incluidos en volúmenes antológicos: “Santa Fe al Norte”, “Premio Regional. Casa de la Cultura de Alvear”, “75 Aniversario”, “Luz inagotable”, “Poetas 2. Autores argentinos de fin de siglo”, “Señales de la nueva poesía argentina”, “Voix d’Argentine – Voces argentinas”, “Poesía de pensamiento”, “Huellas de agua” y “Francotrinadores santafesinos”. Desde 1984 ha publicado los poemarios “De las cosas blancas”, “Casa al Sur”, “La prueba de la soledad”, “Del cuidado de la altura del níspero”, “Las vacas y otros poemas”, “Flores bajo la lluvia”, “Por encima de los techos”, “No importa el frío”, “Cuaderno del no hacer nada”, “La nada que nos viste”, “El silencio iluminado” (antología), “La estrella roja y otros poemas”, “La realidad está en otra parte”, “Libro del pescador” y “Esperanza – Spoon River”.

1: ¿Cuál fue tu primer acto de “creación”, a qué edad, de qué se trataba? Y 2: ¿Cómo te llevás con la lluvia y cómo con las tormentas? ¿Cómo con la sangre, con la velocidad, con las contrariedades?


RDM: Mi primer acto de creación o de iniciación, lo he escrito en un poema de “La estrella roja y otros poemas”. La tormenta era inminente, yo era un chico de seis o siete años, pero tenías miles de años de antigüedad, ya comenzaba a soplar el viento y se sentía ese olor a Dios que la lluvia, entre otros elementos, trae. La calle era un río de tierra, era el barrio de mi abuela, en el mío también eran de tierra las calles, yo sentí ese llamado, el viento, la tormenta, la pronta llegada de la lluvia que pone al cielo a nivel de las manos y el rostro. Algo se disparó en mí, y me lancé a la calle a revolcarme, daba vueltas y vueltas en el polvo, no sé qué era aquella danza, fundirme con los elementos, ser uno en la creación, comulgar. Si hoy no lo entiendo completamente, menos en aquella oportunidad.

Me fue mal, una vecina me vio y le contó a mi mamá, sin protestas la dejé aplicar su correctivo, ¿qué argumentar en mi defensa?

3: “En este rincón” el romántico concepto de la “inspiración”; y “en este otro rincón”, por ejemplo, William Faulkner y su “He oído hablar de ella, pero nunca la he visto.” ¿Tus consideraciones?...


RDM: La inspiración, no, no se ve, fluye, abre la puerta, invita a la fuga. Volvemos, si te quedás de ese lado enloquecerías totalmente. De chico, uno casi que vivía inspirado, pero te enseñan a rechazar la invitación. Existe.

4: ¿De qué artistas te atraen más sus avatares que la obra?


RDM: Pablo Neruda tuvo una vida de absoluta locura: fue, vino, huyó, se refugió, amó mil mujeres, fundó su raíz en lo inestable, murió amargo viendo como se rompían sus sueños. Los libros autobiográficos de Neruda puede que sean su obra mayor. Claro, está “Residencia en la tierra”.

5: ¿Lemas, chascarrillos, refranes, proverbios que más veces te hayas escuchado divulgar?


RDM: No me gustan los lugares comunes de la lengua, rehúyo al refranero popular, me aburren los que viven citando frases de uso colectivo. Aunque por allí…: “La poesía sopla donde quiere”.

6: ¿Qué obras artísticas te han —cabal, inequívocamente— estremecido? ¿Y ante cuáles has quedado, seguís quedando, en estado de perplejidad?


RDM: Bohumil Hrabal, “Una soledad demasiado ruidosa”, nouvelle que es poesía pura, subrayé casi por completo el libro, historia de un perdedor magnífico, con tres relatos escatológicos y uno, de amor, que es una maravilla, y desde ya, la tristeza infinita.

Un libro de poemas que se puede leer como una novela, la “Antología de Spoon River” de Edgar Lee Master, otra maravilla, el espíritu humano, su fragilidad, su pecado, su lado oscuro expuesto verso tras verso. Un clásico, un maestro.

Eugenio Montale: pero si hubiese escrito solo el poema “Los limones”, suficiente, no se necesita más.

El final del cuento de Borges, “La escritura del Dios” … ¡ah!

7: ¿Tendrás por allí alguna situación irrisoria de la que hayas sido más o menos protagonista y que nos quieras contar?


RDM: Me remito a otra historia que pude incluir en un poema, “El pelo de los Beatles”; yo era muy niño, estaba en la peluquería de mi madrina, allí unas señoras comentaban con grandilocuencia y a grandes voces que “al fin los Beatles se van a cortar el pelo”; no sabía qué eran esos “Beatles”, pero las señoras hablaban con tal pesadez, dogmatismo y engreimiento, que yo me puse del lado de los melenudos, deseé que pronto me creciera el pelo, ser un Beatles.

8: ¿Qué te promueve la noción de “posteridad”?


RDM: Posteridad… ya fue… cagada de palomas o disgregación en el polvo… Posteridad: ser viento.

9: “¿La rutina te aplasta?” ¿Qué rutinas te aplastan?


RDM: Soy contador público, y de vulgares modos, como mi comprovinciano, el poeta José Pedroni, la rutina de mi trabajo se me hace cada vez más insoportable, aunque sea una rutina en constante composición o descomposición. ¡Dios, la jubilación, aunque me conduzca al hambre irremediable!

10: ¿Para vos, “Un estilo perfecto es una limitación perfecta”, como sostuvo el escritor y periodista español Corpus Barga? Y siguió: “…un estilo es una manera y un amaneramiento”.


RDM: Todos tenemos nuestro estilo, y nuestras limitaciones, lo importante es no convertirlo en un mecanismo, eso sería la muerte.

11: ¿Qué sucesos te producen mayor indignación? ¿Cuáles te despiertan algún grado de violencia? ¿Y cuáles te hartan instantáneamente?


RDM: La indignación es ver ese exhibicionismo que esgrime la absoluta certeza, el engreimiento, la autosuficiencia, en un ser, en una sociedad. Se supone que somos constante aprendizaje; nacimiento constante o fósil: son las opciones.

También me indigna la censura desde lo políticamente correcto. El arte no es moral y los artistas, muchas veces, son seres viles elevados por la divinidad a concluir una obra; los ciegos no lo ven así, y no verlo es violencia, censurar es violencia.

Por otra parte, violencia me provocan los malos árbitros de fútbol, y me harta instantáneamente cuando viene el cuarto gol del equipo contrario y los nuestros van en cero.

12: ¿Qué postal (o postales) de tu niñez o de tu adolescencia compartirías con nosotros?


RDM: Bueno, ya conté sobre mi niñez; va otra: era un niño que tenía como libros preferidos la biblia y el diccionario, y a ello oponía todos los juegos de pelota que derribaban en serie las planteras de mamá. De más está decir que mi madre me prefería lector.

13: ¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas hubieras elegido o elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo?


RDM: Ser un personaje de Jorge Luis Borges da un poco de miedo, quedarse del otro lado del sueño o transitar la pesadilla, da miedo. Pero el universo Borges es el infinito, ser un guapo o un inmortal, ser el que cuenta “la” historia de su vida, el que se sienta en una mesa, vaso en mano y dice: escuche Borges lo que le voy a contar. Por supuesto, no se trata de mi voz, sino de la voz que Borges me dicta.

14: El silencio, la gravitación de los gestos, la oscuridad, las sorpresas, la desolación, el fervor, la intemperancia: ¿cómo te resultan? ¿Cómo recompondrías lo antes mencionado con algún criterio, orientación o sentido?


RDM: Soy muy afecto al silencio, al pozo de la soledad, ese “El silencio iluminado”. La sorpresa, quizás la mayor, no suceda, es aquello que está a punto de ser, y no es, como en el poema citado de Montale, “Los limones”: “Ves, en este silencio en que las cosas/ se abandonan y próximas parecen/ a traicionar su último secreto”.

La desolación es lo que no está, lo que se ha ido y el camino que se atraviesa a causa de ello.

El fervor: las palabras de los poetas que acompañan.

La intemperancia, como vicio o defecto por la palabra que debimos guardar sólo para nosotros mismos.

15: ¿A qué artistas en cuya obra prime el sarcasmo, la mordacidad, el ingenio, la acrimonia, la sorna, la causticidad… destacarías?


RDM: Ingenio e ironía, me gusta más que sarcasmo: destaco al maestro Javier Adúriz, aunque no diría que la ironía prime en su obra, el ingenio sí, eso sobra. Ya más cerca de lo caustico, y, claro está, no exento de ingenio: Joaquín Giannuzzi.

16: ¿Qué apreciaciones no apreciás? ¿Qué imprecisiones preferís?...


RDM: Prefiero mis errores comprobables y comprobados, también son mi parte, que los por comprobar, siempre son los peores, esa es mi apreciación, no sé si la más apreciable, pero por ahí anda.

17: ¿Viste que uno en ciertos casos quiere a personas que no valora o valora poco, y que en otros casos valora a personas que no quiere? ¿Esto te perturba, te entristece? ¿Cómo “lo resolvés”?


RDM: Las relaciones humanas son un misterio, pero si hay alguien que te parece querible no busques más vueltas, si te preguntás cómo carajo aprecio a este tipo que es tan opuesto a mí, es porque posee algo que supera tu comprensión, pero está, lo trae consigo. Ahora, valorar y querer no tienen por qué ser de la misma familia. Y creo que es más importante querer que valorar, por allí valorar no tiene mérito, alguien tiene valores, ha hecho cosas, entonces se lo valora. Pero querer es la semilla de Dios.

18: ¿El mundo fue, es y será una porquería, como aproximadamente así lo afirmara Enrique Santos Discépolo en su tango “Cambalache”?


RDM: El mundo fue y será… como dice el tango tantas veces censurado… Suele ser el infierno, pero, o nos mimetizamos con él, o buscamos lo que en él es cielo, no hay más alternativas (por supuesto, plagiado de Ítalo Calvino).

19: Por la fidelidad y entrega a una causa o proyecto, ¿qué personas (de todos los tiempos y de todos los ámbitos) te asombran?


RDM: El mundo está lleno de seres anónimos que aman, trabajan y crean, no figuran en las crónicas y ni les interesa. Están a la vuelta de la esquina, te sirven el café o te dan el paso cuando ellos vienen por tu derecha. Tengo, por ejemplo, un amigo, gran poeta, que ha entrado en el absoluto silencio, no de la escritura, no le interesa nada del “ambiente”, pero claro, no lo nombraré, sería traicionarlo.

20: ¿Qué te hace “reír a mandíbula batiente”?


RDM: Soy de la generación de Los Tres Chiflados, de esa no me curo más. Yo hubiese querido ser un chiflado, en una de esas lo soy, al menos mi apellido no lo desmiente.

21: ¿Cómo afrontás lo que sea que te produzca suponerte o advertirte, en algunos aspectos o metas, lejos de lo que para vos constituya un ideal?


RDM: ¿Lejos? Ya a mi edad todo está más o menos lejos o no importa; aun así, trato de quererme, de ser feliz.

22: El amor, la contemplación, el dinero, la religión, la política… ¿Cómo te has ido relacionando con esos tópicos?


RDM: Aquí se termina la entrevista… no pienso escribir una novela… Pero si me aceptás una respuesta, siendo tan solo y tanto, un hombre, el amor suele sacar lo mejor de nosotros, el dinero y la política, lo opuesto. Religión y contemplación se parecen mucho, al menos desde mi perspectiva.

23: ¿A qué obras artísticas —espectáculos coreográficos, films, esculturas, música, pinturas, literatura, propuestas teatrales o arquitectónicas, etc.— calificarías de “insufribles”?


RDM: Sin son insufribles yo ya me fui demasiado temprano de la función como para calificarla… Salvo que se trate de reguetón, Dios me libre.

24: ¿Qué calle, qué recorrido de calles, qué pequeña zona transitada en tu infancia o en tu adolescencia recordás con mayor nostalgia o cariño, y por qué?...


RDM: Cuando caminaba tomando la mano de mis hijos pequeños, era en un barrio del cielo… Ya no sabría dónde quedan esas calles, aunque aún vivo en él.

25: ¿Cómo reordenarías esta serie?: “La visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. Digamos que un reordenamiento, o dos. Y hasta podrías intentar, por ejemplo, una microficción.


RDM: No, así como la ordenaste me satisface plenamente… Perfecto, Rolando, no lo podrías haber hecho mejor.

26: “Donde mueren las palabras” es el título de un filme de 1946, dirigido por Hugo Fregonese y protagonizado por Enrique Muiño. ¿Dónde mueren las palabras?...


RDM: Las palabras mueren en la afasia y ello se produce cuando ya nada nos conmueve, el disco sigue girando, pero ya no hay quien escuche.

27: ¿Podés disfrutar de obras de artistas con los que te adviertas en las antípodas ideológicas? ¿Pudiste en alguna época y ya no?


RDM: La verdadera ideología del artista es su capacidad creativa, la verdad del artista está en la obra. ¿Cuál era la ideología de Dante Alighieri? La de Ezra Pound, el gran vanguardista, la conocemos todos.

28: ¿Cómo te cae, cómo procesás la decepción (o lo que corresponda) que te infiere la persona que te promete algo que a vos te interesa —y hasta podría ser que no lo hubieras solicitado—, y luego no sólo no cumple, sino que jamás alude a la promesa?


RDM: Bueno, quizás el error estuvo en mí, en creer en la promesa de esa persona. Y trato de mantenerme a distancia, no sea cosa que me vuelva a equivocar. Borges decía que no les prestaba plata a los amigos, por las dudas de que no se la devolvieran.

29: No concerniendo al área de lo artístico, ¿a quiénes admirás?


RDM: A mi abuela Berta (Borka, en su idioma natal), el ser más maravilloso, un ser de luz, inagotable luz que me sigue acompañando; ella era una traductora, sin saberlo, ya que me contó cuentos que sólo había pronunciado y oído en su lengua; su convicción para relatarlos era tal que yo conocía la nieve a través de la palabra nieve, cuando era un niño. Mucho después pude tocar nieve, en efecto, ya la conocía. Quizás escribo gracias a ella, o, dicho de otra forma, su gracia me legó la escritura.

30: ¿Tus pasiones te pertenecen o sos de tus pasiones? Pasiones y entusiasmos. ¿Dirías que has ido consiguiendo, en general, distinguirlos y entregarte a ellos acorde a la gravitación?


RDM: La pasión puede ser estar en absoluto silencio, una mañana de domingo, leyendo; considero que las pasiones son inescindibles del yo, no soy sin ellas. Casi como los fantasmas, que ya de viejo he aprendido a sobrellevar y convivir con ellos sin exaltaciones, a veces, incluso, les tengo un poquito de lástima, ¡fijate éste, se ensaña con tan poca cosa!, les suelo decir. Con las pasiones me llevo mejor, nos sabemos a gusto el uno con el otro.

31: ¿Qué artistas estimás que han sido alabados desmesuradamente?


RDM: No sé, lo de alabado desmesuradamente puede ser en una época, luego eso cae, no se sostiene; de todas formas, yo admiro a quién me entregó algo, por ello no me interesa tanto la “alabanza”, prefiero la gratitud.

32: ¿Acordarías, o algo así, con que es, efectivamente, “El amor, asimétrico por naturaleza”, tal como leemos en el poema “Cielito lindo” de Luisa Futoransky?


RDM: Tan asimétrico que puede ser simétrico. Escarbar en la naturaleza del amor suele ser poco amoroso. No existen patrones. Nada tienen que ver estas extravagancias mías, seguramente, con el poema de Luisa, muy buena poeta.

33: ¿El amanecer, la franca mañana, el mediodía, la hora de la siesta, el crepúsculo vespertino, la noche plena o la madrugada?


RDM: Puede depender de dónde me encuentre. A orillas del río: amanecer, siesta, crepúsculo. Si en mi casa, en mi barrio: la mañana, el mediodía, la madrugada. Pero el asunto es estar en ese preciso momento, en ese lugar, no ausentarse, no de uno mismo, de la hora, del espíritu del tiempo.

34: ¿Qué dos o tres o cuatro “reuniones cumbres” integradas por artistas de todos los tiempos y de todas las artes nos propondrías?


RDM: Reuniones cumbres, no me gusta, es como aquel poema del inmenso Horacio Castillo, cuando el escalador del Everest llega a la cumbre y descubre al cielo tan distante como antes (qué poeta Horacio Castillo, con él me reuniría en la cumbre del Everest), pero, bueno, jugando un poco, me hubiese gustado un encuentro entre Li Po y Thomas Merton, y si a eso le sumamos a Mozart tocando el piano, ¡yo quisiera estar allí, oculto entre arbustos, o sirviéndoles el té!

35: Seas o no ajedrecista: ¿qué partida estás jugando ahora?...


RDM: Tablas, con tablas estoy hecho; con eso, yo que siempre pierdo, gano.


sábado, 12 de septiembre de 2020

Gloria Arcuschin es entrevistada por Rolando Revagliatti

«El amor, para mí, fue una especie de montaña rusa»

Gloria Arcuschin nació el 16 de septiembre de 1954 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina, y reside en la ciudad de Haedo, provincia de Buenos Aires. Se desempeñó como maestra y bibliotecaria en instituciones públicas. Obtuvo en 2001 el título de Acompañante Terapéutico por la Universidad de Buenos Aires. Se formó en psicodrama con Eduardo Pavlovsky y en actuación teatral con Raúl Serrano. Condujo programas radiales. Fue coordinadora de talleres literarios, entre 2000 y 2017, en el área de Arte y Cultura de la Municipalidad de la ciudad de Morón. Durante 2018 y 2019 los dictó en el CUD Centro Universitario Devoto (Complejo Penitenciario Federal de la Ciudad Autónoma de buenos Aires). Integrando el colectivo Red Arte Público participó con ponencias y otras presentaciones en Encuentros de Escritores Latinoamericanos y del Caribe por la Memoria, en Uruguay, Chile, Ecuador y México. El Honorable Consejo Deliberante de Morón aprueba por unanimidad, en 2014, la Declaración de Interés Municipal de tres novelas de su autoría, ilustradas por Federico Mañanes y presentadas en España (Madrid, Barcelona) y Argentina. Dos obras teatrales suyas fueron estrenadas: «Señora Lucía (por si la guerra)» y «Raudamente ciclistas». Poemarios publicados: «El árbol truncado», «Canciones impunes / Ave del paraíso». Y en el género narrativa, la nouvelle «Llovizna en Parque Lezama» y las novelas «Partidas (de naipes y otros amuletos)», «Libro de juegos (novela)» y «Cambio de lugar».

 

1: ¿Cuál fue tu primer acto de «creación», a qué edad, de qué se trataba?

GA: Mi primer acto de creación, que yo pueda recordar, está conectado ya, con la literatura.
Viviendo en un barrio del conurbano de Buenos aires, asistía junto a una amiguita a una escuela distante unas doce cuadras de mi casa; era un palacio para mí, un edificio de dos plantas, con escaleras de mármol, que databa de la época en la que un gobierno popular había dado gran importancia a los edificios escolares. Volviendo a mi primer acto creativo, yo tendría entre nueve y diez años: una mañana, acompañé a mi amiguita, quien vivía en la esquina, con la que hacíamos juntas las tareas del colegio, a unas clases de apoyo, maestra particular, como se llamaban a esas docentes que trabajaban desde su hogar dando clases a quienes tenían dificultades para obtener sus calificaciones necesarias para promocionar el grado. Esa docente hogareña, atendía a un grupo bastante numeroso, y justo esa mañana propuso un concurso literario; el primer premio sería por votación directa, y me preguntó el nombre, para que participara, y por si querían votarme. Casi todos los papelitos que fue abriendo tenían mi nombre. Y gané por un relato acerca de La Madre, mi primer premio, que consistía en una caja de bombones. Fui varias veces a reclamar a la casa de la maestra, hasta que llegó el esperado día, y volví como en un ensueño hacia mi casa, con ese cofrecito de cartulina con rosas estampadas y un cordoncito dorado, en las manos. Una ofrenda en un hogar, que, dada la ideología de mis padres, y los permanentes despidos laborales que sufrían, no permitía esos lujos. Esos bombones.

2: ¿Cómo te llevás con la lluvia y cómo con las tormentas? ¿Cómo con la sangre, con la velocidad, con las contrariedades?

GA: Con la lluvia, si es suave, me llevo muy bien, me conduce a un clima interior de dulce melancolía, protección de estar en interiores, y por la calle, una diversión. Si es tempestuosa, me angustia pensar en las inundaciones, y el sufrimiento de tanta gente. La imagen de casas inundadas me causa desazón.
Las tormentas son otro tema, me provocan temor por el daño que puedan ocasionar: cierta vez, un pequeño tornado ciudadano afectó mi hogar, y me quedó una prevención. De pequeña, eran una amenaza. La sangre es belleza, es vida que nos habita, latidos. La sangre por heridas, es una imagen triste, siempre.
Las contrariedades son situaciones para resolver, siempre y a pesar de todo; las detesto, pero movilizan, a veces, hacia buenos lugares; otras, no.

3: «En este rincón» el romántico concepto de la «inspiración»; y «en este otro rincón», por ejemplo, William Faulkner y su «He oído hablar de ella, pero nunca la he visto.» ¿Tus consideraciones?…

GA: Si la escritura literaria, me refiero a la ficcional, para deslindar de la teórica-científica, fuera una habitación, supongo que mi manera de trabajo de escritura, en la narrativa, sería la de acercar mi silla al rincón faulkneriano, gran maestro generacional, aunque no tan extremo, ya que siempre todo el desarrollo para mí, nacerá de un centro primigenio, una idea-imagen nodal, que tal vez lleve un soplo de inspiración. Amalgamada a una frase insignia: el título de la obra. En cambio, para mi escritura poética, arrimaría mi silla hacia el misterioso rincón inexplicable desde lo racional, de ese enigma llamado «inspiración» que implica, en mi caso, la escritura de poesía, atravesada sí, por la multiplicidad de cuestiones que atraviesan mi alma, donde no estará ausente lo social, los contextos, pero con un lenguaje que se me impone, desacatada y desordenadamente.

4: ¿De qué artistas te atraen más sus avatares que la obra?

GA: Los artistas que me atraen más desde los avatares de vida que de obra, aunque, en realidad, también valoro de algunos, sus obras, serían: Felisberto Hernández (pero su obra me encanta), Soren Kierkegaard, Salvador Dalí, Horacio Quiroga (parte de su obra me interesa), Carl Jung. Muchos otros me atraen en vida y obra.

5: ¿Lemas, chascarrillos, refranes, proverbios que más veces te hayas escuchado divulgar?

GA: «Quién ama la col, ama las hojitas de alrededor», «Si las cosas se hacen bien, salen bien», «El que llega tarde, llega más tarde», «No hay peor sordo que el que no quiere oír».ga-7

loria Arcuschin con Beatriz Arias, Daniel Arias, Norberto Barleand y Luis Benítez

6: ¿Qué obras artísticas te han —cabal, inequívocamente— estremecido? ¿Y ante cuáles has quedado, seguís quedando, en estado de perplejidadGA: «El jardín de las delicias» de Jheronimus Bosch, «La primavera» de Sandro Botticelli, la obra completa de Francisco de Goya y Lucientes, la obra de Carlos Alonso, la de William Turner, la de Antonio Berni.

La «Fuente de las nereidas», esa fuente monumental realizada en mármol blanco, de Lola Mora.
La filmografía de Federico Fellini.
La música de Mozart, el saxo de Coleman Hawkins, la voz de Mercedes Sosa, la de Carlos Gardel.
La labor de la bailarina Maya Plisétskaya.
La obra de Federico García Lorca, Pushkin, Chéjov. «Rojo y negro» de Stendhal, «La divina comedia» de Dante Alighieri, «Rayuela» de Julio Cortázar, «Ulises» de James Joyce, novela que me abrió las puertas a la libertad de experimentar con el lenguaje literario. Sin dudarlo, «Los siete locos» y «Los lanzallamas», de mi admirado Roberto Arlt, quien me abrió las puertas a la utilización de los conflictos y el lenguaje de los argentinos, para la narrativa.

7: ¿Tendrás por allí alguna situación irrisoria de la que hayas sido más o menos protagonista y que nos quieras contar?

GA: Yo había escrito un unipersonal teatral para el gran actor Walter Soubrié (además, destacado actor brechtiano), quien, opino, era un gran personaje. Nos avisa, a mí como autora y al elegido director, que a tal hora debíamos estar en la puerta del edificio en el cual, según él, vivía el empresario que pondría el dinero para la producción de la obra. Allí estuvimos. Impresionante piso en barrio exclusivo, inmenso living, personal de servicio con uniforme nos servía té o café con masitas, y el empresario no aparecía. Luego de una hora y media llega agotado de sus tareas, se toma tiempo para cambiarse, se sienta en un imponente sofá. Walter se sienta, casi arrodillado, a su costado y comienza a contarle el proyecto. Lo increíble es que así comenzaba la obra, Walter la estaba representando en la vida real. El tipo, indiferente, considera que era muy inseguro todo eso y nos despide. El director y yo, casi caemos desmayados de risa en la puerta del lujoso edificio. Walter nos miraba atónito, y más nos reíamos Justo, el director, y yo.

8: ¿Qué te promueve la noción de «posteridad»?

GA: Mi escritura, mis libros editados y presentados, esa es la finalidad, que alguna mano los rescate y me rescate del olvido. Mis tres hijos y sus hijos. Tocar una piedra de la Muralla Romana de Barcelona.

9: «¿La rutina te aplasta?» ¿Qué rutinas te aplastan?

GA: Pagar las boletas, ir al banco por trámites, detesto llenar formularios. Por lo demás, las tareas de la vida, me parecen bastante divertidas. Nunca me aburro. Resolver problemas relacionados a la tecnología, entendida como rutina de mantenimiento, me abruma.

10: ¿Para vos, «Un estilo perfecto es una limitación perfecta», como sostuvo el escritor y periodista español Corpus Barga? Y siguió: «…un estilo es una manera y un amaneramiento».

GA: Cada escritura, sea cual fuere, es un estilo; qué estilo se utiliza, o elige, eso ya es otro tema. No creo que haya un no-estilo. Imitar, es un estilo; plagiar, es un estilo. Intentar una forma de vanguardia experimental, lo es también, así como mantener formas clásicas, alternando con formas más contemporáneas. Incluir lo social, o no. Habría que ver a qué se llama «estilo perfecto», tal vez a una corrección enfermiza que lleva a una escritura desértica y fría. Soy ecléctica en lo que se fue cristalizando como mi probable estilo, que suele ser un cristal biselado, con variaciones. Lo veo más cerca, para mí, de «un estilo es una manera». Pero, a mi manera, por supuesto, soy una persona muy caprichosa, y me gusta cumplirlos.

11: ¿Qué sucesos te producen mayor indignación? ¿Cuáles te despiertan algún grado de violencia? ¿Y cuáles te hartan instantáneamente?

GA: Me produce una gran indignación cualquier forma de injusticia social, hacia individuos, niños, marginados, desposeídos, desprecio racial, hacia grupos poblacionales, hacia mi persona.
Me despierta algún grado de violencia el crimen institucional, desde el Estado, quien tiene la misión de proteger, violencia que de ninguna manera ejercería en forma física, ni como venganza. Una violencia dentro de mi ser, que me hace daño y debo elaborar desde los pensamientos, o expresándolos.
Los sucesos que me hartan instantáneamente son aquéllos alrededor de la incomprensión, cuando te discuten mezclando todos los niveles, y repiten como mensajes grabados frases sacadas de los medios de comunicación, para dirigir y digerir la opinión pública; cuando te rebotan un trámite y no te explican por qué; y de la gente que discute violentamente me retiro pronto: me cansa, agota y harta.

 

ga16
ga4
ga23

Gloria Arcuschin en 2019

ga2

Gloria Arcuschin - Antología - Otra mirada, otra distancia (solapa)

ga28
ga34
ga33
ga42
ga32
ga24
ga3
ga17
ga35
ga18
ga1
ga26
ga19
ga25
ga38
ga27
ga36
ga21
ga31
ga22
ga20
ga41
ga30
ga39
ga15
ga29
ga40

 

12: ¿Qué postal (o postales) de tu niñez o de tu adolescencia compartirías con nosotros?

GA: Vacaciones de familia, con papá manejando el Chevrolet 34 de Luxe. En carpa, con living y todo, mamá con su cocina, aromas entre los médanos. Mi hermanita de diez años. Y el mar de Ostende, costa Atlántica de la provincia de Buenos Aires, con su extensa explanada de arena finita.

13: ¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas hubieras elegido o elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo?

GA: Me agradaría encontrarme en esos cuadros de Edgar Degas, Claude Monet, Édouard Manet, con esos vestidos tan bellos, y cuando el aire y la luz y el agua con sus reflejos y los barquitos y los nenúfares y la gente ríe y hay chocar de copas, cuando todo parece una danza donde la vida se convoca. Me encantaría que Sandro Botticelli remplazara el personaje central del cuadro mágico La Primavera, por mi imagen en su lugar, llegando y repartiendo los hermosos dones y frutos de la tierra.
También, que algún compositor musical del que yo ame su obra, como Vinicius de Moraes, o Gustavo Cerati, o Alfredo Zitarrosa, o Jaime Roos, me hubieran dedicado una canción especial para mí, con letra y música, ¡y que esa canción lleve mi nombre, claro! Me hubiera gustado que el genial Gustave Flaubert me incluyera en «Madame Bovary», como amiga de ella, y poder salvarla, sacarla de su foso oscuro, de su trampa, y liberarla. Suelo tender a meterme en cosas complicadas.

14: El silencio, la gravitación de los gestos, la oscuridad, las sorpresas, la desolación, el fervor, la intemperancia: ¿cómo te resultan? ¿Cómo recompondrías lo antes mencionado con algún criterio, orientación o sentido?

GA: El silencio: detesto a las personas que, como forma de ejercer poder en las relaciones, se manejan con el silencio. Lo ominoso. El silencio del primer sorbo de desayuno, reencuentro conmigo.
La gravitación de los gestos: quedan en mi memoria aquellos gestos de amor, de cercanía, y los guardo en mí.
La oscuridad: el terror nocturno, en mi niñez y pre-adolescencia, lo fantasmal.
Las sorpresas: si traen malas nuevas, odiosas, golpes de la vida; si son buenas nuevas, lógicamente, bienvenidas.
La desolación: pérdida de seres queridos, la pobreza de las gentes.
El fervor: ser fiel a la ideología y a la mística individual que nos guía. Coherencia siempre.
La intemperancia: una mala conducta, dañina.
El sentido o criterio para recomponer lo dicho: Valorar y cuidar ese silencio interno que nos pacifica y reordena nuestros sentimientos. Disipar los fantasmas y lo ominoso, contando con nuestra congruencia de postura frente a la vida. Evitar la desolación, con la gente, lo grupal como lema.

15: ¿A qué artistas en cuya obra prime el sarcasmo, la mordacidad, el ingenio, la acrimonia, la sorna, la causticidad… destacarías?

GA: Pintores (y vuelvo a citar): Francisco de Goya y Lucientes, Carlos Alonso, Antonio Berni.
Directores de cine: Mario Monicelli, Federico Fellini, Leonardo Favio.
Escritores: Antón Chéjov, Roberto Arlt, Sara Gallardo, Jack Kerouac, Oliverio Girondo, Raúl González Tuñón, Virginia Woolf, J. D. Salinger, Leonard Cohen, Boris Vian.

16: ¿Qué apreciaciones no apreciás? ¿Qué imprecisiones preferís?…

GA: No aprecio las apreciaciones que vienen con etiqueta de «soy inamovible y traigo la verdad». En general, prefiero a la gente «imprecisa», inclinada a una actitud de vida más zen, buscando más preguntas sabias que respuestas mediocres. Prefiero las imprecisiones de la creación literaria, tanto en narrativa como en dramaturgia o poesía. Y aquellas acerca de las cuestiones sentimentales: abrir el juego a múltiples interpretaciones, enriquece.

17: ¿Viste que uno en ciertos casos quiere a personas que no valora o valora poco, y que en otros casos valora a personas que no quiere? ¿Esto te perturba, te entristece? ¿Cómo «lo resolvés»?

GA: Ya en mi adolescencia advertí una cierta tendencia a querer y establecer amistades con personas turbulentas, con personas un tanto tortuosas, de las cuáles es difícil descifrar si realmente te quieren o se produce una inestabilidad a su lado. Que no juzgaría como positivas o valorables. Sí me perturbaba, complicaba y muchas veces entristecía, al sentirme defraudada. La psicoterapia y las experiencias hicieron lo suyo, como manera de resolverlo, y creo que fui orientando mis sentimientos de formas más armónicas, hacia direcciones donde combinen mejor lo valorado de las personas y mis sentimientos hacia ellas.

18: ¿El mundo fue, es y será una porquería, como aproximadamente así lo afirmara Enrique Santos Discépolo en su tango «Cambalache»?

GA: Sí, indubitablemente el mundo fue, es y será una porquería, observando lo visto y sus calamidades e injusticias. La mala distribución de riquezas y malas planificaciones a futuro. Pero amo la vida y cierta gente, los paisajes, y cada gotita de agua, cada brizna de pasto.

19: Por la fidelidad y entrega a una causa o proyecto, ¿qué personas (de todos los tiempos y de todos los ámbitos) te asombran?

GA: Por ejemplo, los escritores Federico García Lorca, Javier Villafañe (también titiritero), Alfonsina Storni, James Joyce. La escultora Lola Mora. El líder político Nelson Mandela, el líder revolucionario, estadista del pueblo ruso Vladímir Lenin. La luchadora y feminista Ángela Davis. El libertador de América José de San Martín. Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis. El compositor Wolfgang Amadeus Mozart. El cantor Carlos Gardel.

20: ¿Qué te hace «reír a mandíbula batiente»?

GA: Situaciones fuera de lugar en ámbitos inapropiados. Y chistes bien contados, sin groserías. Cosas que me pueden parecer ridículas. Los Tres Chiflados, cierto humor tonto, o Niní Marshall, con sus juegos de lenguaje popular.

21: ¿Cómo afrontás lo que sea que te produzca suponerte o advertirte, en algunos aspectos o metas, lejos de lo que para vos constituya un ideal?

GA: Con pena, rabia, impotencia, sensación de haber fracasado. Y el constante reproche por ser una persona que no hago lo necesario para difundir mi literatura, que tanto trabajo me tomo en realizar, y después pareciera que me boicoteo. Pero me repongo pronto, y me adapto al logro conseguido, con bastante serenidad, y algo de alegría, pensando: «Seguramente hasta aquí, es adonde querías o podías llegar, veremos qué pasa más adelante». Porque yo me hablo mucho, soy una persona que dialoga mucho consigo, me digo tantas cosas.

22: El amor, la contemplación, el dinero, la religión, la política… ¿Cómo te has ido relacionando con esos tópicos?

GA: El amor fue una especie de montaña rusa, nunca mejor dicho, dado mi origen, con cuatro abuelos rusos. Tuve matrimonios largos, y tres hijos muy bellos. Pero hubo separaciones, con el dolor y la inestabilidad que ello implica, también aprendizajes y crecimiento. El amor es un misterio que no comprendo.
La contemplación, la asocio con algunas prácticas orientales que realizo, no regularmente, y que me enseñaron a contemplar sin encender todo el tiempo la máquina de pensar; ver el mundo, me gustó siempre, soy detallista.
El dinero, fue en mi vida, el trabajo; la docencia en escuelas públicas y la docencia literaria fueron la base de mi economía personal, sencilla, pero suficiente. En épocas muy juveniles soñaba con algo mágico que me aportara mucho dinero, para ser muy feliz, pero no se dio, o no me interesó.
En cuanto a la religión, fui educada en el ateísmo, pero las grandes pérdidas afectivas a las que me enfrentó la vida, sumado a una fuerte tendencia a la ensoñación, me llevaron a acercarme a ciertas formas no institucionalizadas, pero cercanas a lo religioso, a mis raíces judías, en el recuerdo de mi abuelita Fanny, haciendo su shabat, encendiendo sus velas, tan bellas y serenas. Fue un ir buscando una manera de protección y consuelo y envolvimiento. Algo tenue. Prendo mis velas, en mágico ritual. Como institución, digamos, la religión, tiene grandes y severos problemas a resolver.
La política debiera ser una forma de traer felicidad a este mundo, pero no lo es. Puse mis sueños, mi tiempo y esperanzas, que no se realizaron, aunque acompaño, desde mi lugar, las propuestas que me parecen mejor para el bienestar del pueblo; es la única herramienta, muy imperfecta, pero es la manera de vivir en sociedad.

23: ¿A qué obras artísticas —espectáculos coreográficos, films, esculturas, música, pinturas, literatura, propuestas teatrales o arquitectónicas, etc.— calificarías de «insufribles»?

GA: No me gustan las comedias musicales, de teatro comercial, ni en cine. Películas demasiado lentas, sin que se justifique por la trama: insufribles. Algunas creaciones visuales de arte contemporáneo que intentan ser minimalistas, o irónicas, casi al borde del chiste, con muy poquísimo trabajo, tampoco me conmueven. Producciones literarias, como microrrelatos, que no me parecen tales, sino juegos de ingenio con palabras, también al borde del chiste, o poemas que no juegan con el lenguaje poético y son «decires» de algunas ideas, o lugares comunes. Pero creo que hay propuestas para todos, después se va viendo, o cada cual elige aquello que le agrada o conmueve. Nunca diría, tal cosa no se debe hacer, salvo las películas insufriblemente lentas, claro.

24: ¿Qué calle, qué recorrido de calles, qué pequeña zona transitada en tu infancia o en tu adolescencia recordás con mayor nostalgia o cariño, y por qué?…

GA: Las pequeñas barrancas con pasto prolijamente cortado que bordeaban la Avenida General Paz, esa línea divisoria entre la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Allí, a una cuadra, fue mi primer barrio, y papá y mamá llevaban mate y rodábamos las niñas por las pendientes. Papá daba clases de equilibrio sobre los troncos de una especie de cerca, donde también nos sentábamos a ver los autos pasar: avenida Francisco Beiró y la General Paz.
El paseo «al Centro» de nuestra Capital Federal (como antes se denominaba) desde la ciudad de Haedo, con recorrido por la avenida Corrientes (por entonces, «la calle que nunca duerme», recordarás), viendo todas las vidrieras, toda la familia, con sus mejores galas.

25: ¿Cómo reordenarías esta serie?: «La visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste». Digamos que un reordenamiento, o dos. Y hasta podrías intentar, por ejemplo, una microficción.

GA: «Aquí nadie muere, nunca. No hay sufrimiento, porque nadie debe hacer sacrificios, aquí se comen los manjares naturales que se ofrecen, aquí se goza y se murmuran las palabras primigenias. No se piensa, el azar va presentando los sitios donde sentarse a mirar los ríos transparentes. Hasta que la ceremonia en el bosque de árboles sutiles indica que los cuerpos sinuosos, harán el amor. La autenticidad del deseo está en los cuerpos. Y la ciudad de la felicidad total, cae en su mayor, único final y fatal desajuste. El paraíso llega a su fin, comienza un mundo de miniaturas reales, la infancia, ella ahora lo sabe, ha terminado.»

26: «Donde mueren las palabras» es el título de un filme de 1946, dirigido por Hugo Fregonese y protagonizado por Enrique Muiño. ¿Dónde mueren las palabras?…

GA: Donde nace el poema, o la «otra» palabra.
Donde nace el amor, la perplejidad de sentir.
En la angustia.

27: ¿Podés disfrutar de obras de artistas con los que te adviertas en las antípodas ideológicas? ¿Pudiste en alguna época y ya no?

GA: Siempre me produjo una controversia interior el tema de los escritores, en especial, o artistas, en general, cuando su obra me resulta muy valiosa, en cuanto a forma y contenido, pero su ideología, es totalmente contraria a mi forma de pensar, a mi ideología. Hace años, denostaba directamente todo, autor y obra. Con el tiempo y las lecturas, me fui encontrando con los escritores Felisberto Hernández, Pierre Drieu La Rochelle, Louis-Ferdinand Céline, Ezra Pound, el filósofo Martin Heidegger, el ensayista Carl Gustav Jung, por nombrar algunos de clarísima y confesa, en varios de ellos, filiación e inclusive afiliación a la ideología nazi, simpatizantes del nazismo. Pero me gustaban sus obras (salvo en el caso de Martin Heidegger, que me parece enredada y oscura su escritura filosófica, y tampoco me conmueven sus conceptos, aunque tanto lo admiren y glorifiquen unos cuantos catedráticos). «Viaje al fin de la noche» de Céline, me parece una novela formidable, no al nivel, por ejemplo, de «Sin novedad en el frente» de Erich Maria Remarque, pero muy buena escritura. «El caballo perdido», «Nadie encendía las lámparas», «Tierras de la memoria» de Felisberto Hernández, a quien rescata Cortázar del olvido, son una maravilla de narrativa original. Llegué a la conclusión de que lo mejor era, de ninguna manera disculpar sus conductas humanas, puesto que como personas me parecen despreciables, y no los disculpo por escribir bien, como sí lo hacen muchos colegas y publicaciones que he leído, o escuchado en declaraciones. Pero valoro las obras, en sí, como obras de arte, punto. La entrevista de Pier Paolo Pasolini a Ezra Pound me produce una gran perplejidad, no puedo entenderla: con gusto Pound lo hubiera visto a Pasolini en un campo de concentración, por homosexual y comunista. Irrealidad me crean esas cosas. Hace poco tiempo, para un aniversario de Ezra Pound, poeta bastante bueno y mentor de muchos poetas del siglo veinte, vi con tristeza y pesimismo cómo sitios de internet, lo elogiaban, intentando disculpar su ideología nazi, y criticando el castigo recibido en juicio, a una celda muy pequeña, y esas cosas. Aprendí a convivir, separando artista y obra, obras en las cuales no se propicie el horror de esa ideología que causó y sigue causando el infierno en la tierra. Lo mismo cabe para algunos escritores como Mario Vargas Llosa: valoro su narrativa, hasta en algunos de sus libros, antimilitarista, pero cuando lo escucho hablar de cuestiones sociales y políticas, eso es harina de otro costal.

28: ¿Cómo te cae, cómo procesás la decepción (o lo que corresponda) que te infiere la persona que te promete algo que a vos te interesa —y hasta podría ser que no lo hubieras solicitado—, y luego no sólo no cumple, sino que jamás alude a la promesa?

GA: Me cae muy mal la gente que «no responde», tomo esto, su silencio, como conductas del orden de lo perverso u ominoso, considero que es una manera de dominio y de crueldad, un ejercicio de poder sobre las otras personas. El silencio como quita, como castigo. Me cae muy mal y me aparto para siempre, porque queda en medio algo sin resolución, un pendiente. No me decepcionan, me molestan los juegos del gato y el ratón. No termino de comprenderlas, y me agotan.

29: No concerniendo al área de lo artístico, ¿a quiénes admirás?

GA: Médicos, enfermeros, docentes, todo el personal que está al frente de una nave, un avión, un tren, seres que enfrentan grandes responsabilidades, y el destino de muchas vidas. A los trabajadores y trabajadoras. A los abogados de Derechos Humanos, gente que da su tiempo en beneficio de los demás, a los que atienden comedores comunitarios.

30: ¿Tus pasiones te pertenecen o sos de tus pasiones? Pasiones y entusiasmos. ¿Dirías que has ido consiguiendo, en general, distinguirlos y entregarte a ellos acorde a la gravitación?

GA: Soy de mis pasiones y puedo manejar mis entusiasmos.

31: ¿Qué artistas estimás que han sido alabados desmesuradamente?

GA: El bailarín Maximiliano Guerra, los escritores Jorge Luis Borges y Leopoldo Lugones, el pintor Salvador Dalí. Afloran estos nombres como «alabados desmesuradamente» en mi criterio, según la valía que, de todas formas, está presente en estos artistas. Pero tengo una larga lista, considerando que el marketing, o la publicidad, digamos, a partir del Siglo XX, en el que el arte comienza a ser socio de la industrialización y seriación del arte de masas, para ir cada vez más apoderándose del arte «de autor», acorralándolo, y dando valor a productos comerciales, que se le refriegan tanto por la cara a los pueblos, que terminan por imponerse, gracias a un discurso en el que se nos presentan verdaderos bodrios, muchos, meras imitaciones del arte de artistas, como algo grandioso, y miente, miente, que algo quedará. Creo que por sobrevaluaciones y creaciones ficticias de artistas supuestamente «geniales», el arte se ha ido degradando fuertemente. Igual, siempre sigue viviendo el trabajo artístico profundo y con fundamentos técnicos y teóricos, aunque se despliegue en los márgenes.

32: ¿Acordarías, o algo así, con que es, efectivamente, «El amor, asimétrico por naturaleza», tal como leemos en el poema «Cielito lindo» de Luisa Futoransky?

GA: Creo que el amor es cuando sucede. Valoro el poema que mencionás, como poema, pero no podría suscribir o acordar con ninguna definición de este sentimiento humano. Tal vez, cada una sea un aspecto que puede conformarlo. Me parece que nos movemos entre demasiadas definiciones y carteles con frases que intentan darnos seguridad sobre las cuestiones a las que debemos enfrentarnos en nuestras vidas. Como un recetario con instrucciones, si te pasa tal cosa, hacé tal otra y serás feliz. Hay en las redes virtuales, tan presentes en nuestras vidas, cataratas de conceptos enlatados, muchos sobre el amor y qué hacer con él. Los carteles con frases, o el intento de definir, me parece que anulan, limitan mucho la capacidad de movilizar pensamientos y poder decir lo propio. Para mí, el amor, por ejemplo, es algo que cuando puedo o pude sentir, Eros se presenta luminoso, y derrota al oscuro y sigiloso Tánatos. También lo veo como un sentimiento con un centro persistente y una manera de pasar al acto, que fue mutando a través del tiempo. Pero me declaro bastante inimputable al respecto de este tema. A través de la escritura, le voy buscando algunos sentidos.

33: ¿El amanecer, la franca mañana, el mediodía, la hora de la siesta, el crepúsculo vespertino, la noche plena o la madrugada?

GA: La noche plena, junto a la madrugada. Sin dudas. En el mar, el crepúsculo vespertino, con el mate en la mano.

34: ¿Qué dos o tres o cuatro «reuniones cumbres» integradas por artistas de todos los tiempos y de todas las artes nos propondrías?

GA: a) Carlos Alonso, Pablo Picasso, Pablo Neruda, Pablo Casals, Enrique Molina, Joan Miró.
b) Boris Vian, James Joyce, Dante, Homero, Francisco Madariaga, Edgar Bayley.
c) Marcello Mastroianni, Federico Fellini, Ingmar Bergman, Dino Buzzati, Stendhal, Honoré de Balzac.
d) Marcel Proust, Oswaldo Guayasamín, Frida Kahlo, Diego Rivera, Roberto Arlt, César Vallejo, Alejo Carpentier.

35: Seas o no ajedrecista: ¿qué partida estás jugando ahora?…

GA: Cuidando a la Dama, estoy plenamente dedicada a planear movidas y estrategias para defender siempre, en todo momento, a la Dama.

*

Cuestionario respondido a través del correo electrónico: en las ciudades de Haedo y Buenos Aires, distantes entre sí unos 30 kilómetros, Gloria Arcuschin y Rolando Revagliatti, agosto 2020.

http://www.revagliatti.com/031103_esposito.html

http://www.revagliatti.com/031103.html

Premio Reinaldo Arenas, recepción de manuscritos

 

Premio Reinaldo Arenas, recepción de manuscritos

Este año 2020, el ‘Premio literario Reinaldo Arenas’, de ‘Creatividad Internacional’, en su sexta entrega será en el género de ‘Novelas’,  y recibimos manuscritos desde el 1ro de sept. hasta el 15 de oct.  Se entregará el 7 de diciembre, conmemorando el 30 Aniversario de la muerte de este gran escritor, y conmemoramos también los 12 años de creada de esta red de literatura y cine.  Esperamos que la cita sea en el Art Emporium de Miami. También ‘Creatividad Internacional’  les invita a su programación radial con 299 programas, alojados en Youtube, con 49,500 visualizaciones, y transmitidos por Radio Satelitevision, Chile,  y Radio Metamorfosis, Argentina.

Ismael Lorenzo

Director, Creatividad internacional

https://www.creatividadinternacional.com

https://www.creatividadinternacional.com/profiles/blogs/premio-de-literatura-creatividad-internacional

Visitar Creatividad Internacional en: https://www.creatividadinternacional.com/?xg_source=msg_mes_network

viernes, 4 de septiembre de 2020

Presentación de París bien vale una misa, novela de Lorena Salazar Machain



El 4 de septiembre se presentó la novela París bien vale una misa, de Lorena Salazar Machain, con la presencia de la autora, Gerardo Sánchez, Fernando Corona y Arturo Texcahua.

 


jueves, 3 de septiembre de 2020

Lorena Salazar invita a la presentación de su novela París bien vale una...



La
escritora Lorena Salazar Machain nos invita a la presentación de su
novela París bien vale una misa este viernes 4 de septiembre, a las 6 de
la tarde, desde esta página de Trajín literario en Facebook Live.
Presentarán Gerardo Sánchez y Fernando Corona.

El poeta argentino Rafael Felipe Oteriño es entrevistado por Rolando Revagliatti

 Contemplación es lo que hago a diario

 

ROLANDO REVAGLIATTI
Rafael Felipe Oteriño responde ‘En cuestión: un cuestionario’ de Rolando Revagliatti   


Rafael Felipe Oteriño nació el 13 de mayo de 1945 en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, República Argentina, y reside desde 1971 en otra ciudad bonaerense: Mar del Plata. Es Abogado por la Universidad Nacional de La Plata, habiendo, además, realizado estudios de Letras en la Facultad de Humanidades de dicha universidad. Ha sido profesor titular de Derecho Civil III y de Derecho Privado en la Universidad Nacional de Mar del Plata, y Profesor Emérito de Contratos en la Universidad FASTA. Ejerció la magistratura en los cargos de Juez de 1ª Instancia en lo Civil y Comercial y de Juez de Cámara Civil y Comercial, en el Departamento Judicial Mar del Plata. Entre otros, en el género poesía ha recibido los premios del Fondo Nacional de las Artes (1966), “Pondal Ríos” de la Fundación Odol (1979), Primer Premio de Poesía de la Secretaría de Cultura de la Nación (1985-1988), “Konex” de Poesía (1989-1993), “Consagración” de la legislatura bonaerense (1996), 

 

Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (2019)

Es Miembro de número y Secretario General de la Academia Argentina de Letras y Miembro correspondiente de la Real Academia Española. Con Carmen Iriondo ha traducido del inglés una antología de la poesía del poeta polaco Czeslaw Milosz, que fue publicada en la revista “Hablar de Poesía”. Codirige la colección Época de ensayos sobre poesía de Ediciones del Dock, en la que ha publicado “Una conversación infinita” (2016) y tiene en prensa otro libro de ensayos titulado “Continuidad de la poesía”. La Editorial Vinciguerra publicó su ensayo “Del hablar en figuras” (2016). Su poesía se encuentra reunida en “Antología poética” (FNA, 1997), “Cármenes” (Vinciguerra, 2003), “En la mesa desnuda” (Ediciones al Margen, 2008), “Eolo y otros poemas” (Editorial Brujas) y “Poemas escondidos y un epílogo” (Lágrimas de Circe). Poemarios publicados entre 1966 y 2019: “Altas lluvias”, “Campo visual”, “Rara materia”, “El príncipe de la fiesta”, “El invierno lúcido”, “La colina”, “Lengua madre”, “El orden de las olas”, “Ágora”, “Todas las mañanas”, “Viento extranjero”, “Y el mundo está ahí”.

 


1: ¿Cuál fue tu primer acto de “creación”, a qué edad, de qué se trataba?

RFO: Debo retrotraerme a mis doce o quince años, en La Plata, a un día violento de otoño en el que las hojas de los plátanos volaban y se arremolinaban en la vereda con el anuncio de una tormenta inminente. Ahí me cayeron unas primeras líneas que bosquejaban la idea de un mundo sustraído de su orden, arrebatado por el torbellino del viento y seguido en mí de algo interior parecido a un reclamo de piedad. No hago esfuerzos por recordar esos versos (más bien, hago el esfuerzo de olvidarlos), ya que dicho primer intento no era más que una expresión subjetiva y no la pieza literaria y susceptible de compartir que constituye un poema.

 

2: ¿Cómo te llevás con la lluvia y cómo con las tormentas? ¿Cómo con la sangre, con la velocidad, con las contrariedades?

RFO: Con la lluvia y las tormentas tengo un sentimiento dual: por un lado, me encantan, en cuanto a voluptuosidad, energía e ímpetu; por otro, me sobrecogen porque, mientras duran, me dan la impresión de que han venido para quedarse. Tal vez se filtra en esto último el recuerdo de la vieja casa de mi infancia, de techos altísimos y azoteas embaldosadas, en la que con cada tormenta no faltaba la gotera insidiosa quebrando, como un intruso, la vida doméstica.

Las otras propuestas son variadas. Vayamos de a una. Con la sangre no discuto, ni aun metafóricamente; está ahí, como un río vital y yo me limito a dejar que siga cumpliendo su tarea. La velocidad no me seduce si no es como condición para que las cosas anheladas ocurran más pronto. Y a las contrariedades las tomo como parte de la vida: una tarea a afrontar.

 

3: “En este rincón” el romántico concepto de la “inspiración”; y “en este otro rincón”, por ejemplo, William Faulkner y su “He oído hablar de ella, pero nunca la he visto.” ¿Tus consideraciones?…

RFO: Por su larga tradición literaria, la palabra inspiración tiene un lugar ganado que no voy a controvertir. Podría sustituirla por las expresiones “precipitado psíquico”, “tropel de palabras”, “don”, “dádiva”, “estado de inocencia”, que marcan, de igual manera, la libertad imaginativa y el afán constructivo que son antesala del acto creador. Lo que tengo claro es que sin ese disparador la escritura de poesía demora su inicio. Pero tampoco apuesto todas mis fichas a su aparición inconsciente. Creo que la obra de creación es fruto de un don y una tarea; que el poeta es “tocado” por la poesía y que es, asimismo, un artesano de la lengua. Lo que se expresa de manera bastante adecuada diciendo que la obra “nace” y “se hace”. Y arriesgaría que este último factor es insustituible, pues durante el “quehacer” el autor calibra la potencia del material recibido en bruto, examina la originalidad de sus contenidos, se impone una estrategia y una dirección, basado en su experiencia en cuanto a los límites del lenguaje y a sus propios límites.

 

4: ¿De qué artistas te atraen más sus avatares que la obra?

RFO: Me gustan los libros de memorias y los diarios de escritores, en cuyas páginas podría rastrear “avatares”, pero lo cierto es que me detengo más en las obras que en el anecdotario sobre sus vidas. Incluso, te diría que cuando sus aventuras y/o peripecias se sobreponen a la obra y tienden a reemplazarla, el autor deja de interesarme en relación directamente proporcional al hecho. Pienso, por caso, en la vida de H. W. Auden, de quien hay bastante material sobre sus aconteceres, desplazamientos y amores, pero que no llegan —en mi caso, al menos—, a desplazar el interés por sus poemas capitales, a los que vuelvo una y otra vez, ya estén situados en Oxford, Hamburgo, Cintra (Portugal), Viena o Nueva York.

Admito dos excepciones a esta regla y ellas son: Rimbaud y su corta vida de disconforme social tanto antes de escribir sus tres obras capitales como después de renunciar a la literatura, y Oscar Wilde, con sus humoradas de dandy, que son toda una celebración de la inteligencia (aunque, a mi juicio, en la medida que el testimonio proviene de sus propias páginas, también forma parte de su literatura).

 

5: ¿Lemas, chascarrillos, refranes, proverbios que más veces te hayas escuchado divulgar?

 

 

RFO: Me encantan los refranes por esa cualidad que los hace surgir de los labios en el momento preciso en que la ocasión lo requiere. “No hay mal que por bien no venga” (la aceptación de lo irremediable); “En casa de herrero, cuchillo de palo” (la condición insustituible de la experiencia); “No por mucho madrugar se amanece más temprano” (el valor del azar y lo imponderable); “Al mal tiempo buena cara” (la voluntad como conducta); “A caballo regalado no se le miran los dientes” (la gratitud); “Cada loco con su tema…” (vivir y dejar vivir); “Cuando el río suena, piedras lleva” (el valor de lo secreto); “Donde hubo fuego cenizas quedan” (el tesoro de lo vivido); “Genio y figura hasta la sepultura” (la huella de la estirpe); “Lo cortés no quita lo valiente” (la sociabilidad ); “Ojos que no ven corazón que no siente” (la lección de que no todo puede ser dicho ni es bueno oírlo todo). Y podría seguir.

 

6: ¿Qué obras artísticas te han —cabal, inequívocamente— estremecido? ¿Y ante cuáles has quedado, seguís quedando, en estado de perplejidad?

RFO: Debo decir que las obras que más me han estremecido son: “La Odisea”, los diálogos platónicos, “La Divina Comedia”, “Don Quijote de la Mancha”, nuestro “Martín Fierro”, la poesía de Borges y de Czeslaw Milosz. En estado de perplejidad (si por esto entendemos duda, incertidumbre, confusión), el “Ulises” de James Joyce; si, en cambio, le damos la acepción de sorpresa, asombro: el poema “Un coup de dés” de Stéphane Mallarmé y la música de Gustav Mahler, particularmente el Adagietto de la Sinfonía nº 5.

 

7: ¿Tendrás por allí alguna situación irrisoria de la que hayas sido más o menos protagonista y que nos quieras contar?

RFO: No sé si será por autocompasión o por sabia distribución de los recuerdos, pero no me viene a la cabeza ninguna situación irrisoria de la que haya sido protagonista. ¡Aunque sí, ahora me llega una de mi más remota infancia!: cuando en la plaza de mi barrio, ante la mirada de la chiquilina que me quitaba el sueño, patee una pelota y se me fue el zapato con el impulso.

 

8: ¿Qué te promueve la noción de “posteridad”?

RFO: Algo ulterior reservado para los otros, pero de modo muy críptico. Un espacio que no parece ser muy amplio, ya que no todos tienen cabida en él. Hay poetas a los que les es dada sólo por un poema o por una línea (“Música porque sí, música vana…”, Conrado Nalé Roxlo). A la mayoría les es negada esa misteriosa suerte.

 

9: “¿La rutina te aplasta?” ¿Qué rutinas te aplastan?

RFO: No necesariamente me aplastan. Por lo normal, me muevo cómodo en ellas. Me gusta volver a los mismos sitios, releer los mismos poemas y conversar con las mismas personas. Siempre descubro nuevos perfiles, otras inflexiones, una renovada riqueza en los reencuentros.

Las colas en los bancos y oficinas, en cambio, con su cuota de expectación y desvelo, esas sí me abruman. Solo las sobrellevo suscitando animosas (tanto como efímeras) tertulias con los otros abnegados penitentes que me preceden o con los que me siguen en la espera.

 

10: ¿Para vos, “Un estilo perfecto es una limitación perfecta”, como sostuvo el escritor y periodista español Corpus Barga? Y siguió: “…un estilo es una manera y un amaneramiento”.

RFO: Como cristalización de una modalidad de escribir puede constituirse en una limitación en la trayectoria del escritor (en un “amaneramiento”, como dice el escritor y periodista español). Pero esto ocurre cuando se apaga la inventiva y el escritor persevera en una retórica que ya no aporta sorpresa ni novedad ni mérito. Esto produce obras que no son otra cosa que un calco de lo ya hecho.

Desde otro orden más valioso, el estilo (de stilus, punzón para escribir y, por derivación, marca, señal) es un código de identificación y, para el escritor, una conquista: la posibilidad de ser destacado por su peculiar uso del lenguaje, de entronizar un horizonte comunicativo propio, de darle oportunidad al lector de saber a qué atenerse al tiempo de elegir sus lecturas.

 

11: ¿Qué sucesos te producen mayor indignación? ¿Cuáles te despiertan algún grado de violencia? ¿Y cuáles te hartan instantáneamente?

RFO: Rechazo la mentira, la indiferencia, la mezquindad, el pensamiento único. Pero me cuido de ser violento, pues allí es donde se acaban las palabras. Entre las ramas de la filosofía y, por ende, del comportamiento, que más me interesan está la hermenéutica. Amo, pues, los detalles, “los divinos detalles” de los que hablara Vladimir Nabokov para la literatura.

Y entre los sucesos que me hartan, pongo a la cabeza las peroratas de aquellos que, por falta de argumentos, derivan en la gesticulación y el grito. No tolero a los gritones. Por el contrario, soy proclive a gustar de la vida a través de un cierto pathos (expresión tan difícil de definir, pero que, para mi economía, la traduzco como un cierto dramatismo interior ante el misterio del otro y de lo otro).

 

12: ¿Qué postal (o postales) de tu niñez o de tu adolescencia compartirías con nosotros?

RFO: No lo dudo: yo, niño de cuatro años, en el campo, con boina negra y faja de igual color en la cintura, montado en el caballo alazán que me regaló mi padre (al que bauticé, apenas lo vi, con el nombre “Rubio”, por mi ignorancia sobre el pelo de los caballos).

 

13: ¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas hubieras elegido o elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo?

RFO: Me hubiera gustado acompañar a Don Segundo y a Fabio Cáceres durante su arreo de ganado por los pagos del Tuyú, dormir junto a ellos a cielo abierto, observando las estrellas y oyendo el rumor sordo de los animales sobre la tierra (“Don Segundo Sombra” de Ricardo Güiraldes). Luego, más ambicioso, viajar con Odiseo por todo el Mediterráneo durante el camino de su regreso a casa, pero sobrevivir, eso sí, como él, a las peripecias de la aventura (“La Odisea”).


14: El silencio, la gravitación de los gestos, la oscuridad, las sorpresas, la desolación, el fervor, la intemperancia: ¿cómo te resultan? ¿Cómo recompondrías lo antes mencionado con algún criterio, orientación o sentido?

 

 

 

RFO: Es lo que, no sin laxitud, denomino “lo indeterminado” (el ápeiron griego), aludiendo con ello al material del que se vale la poesía para dar estatura verbal a lo que de indecible, tácito e inexpresable tiene el mundo en que nos movemos. Todas esas instancias son estaciones y disparadores de la poesía, entendida como la operación de esclarecimiento y puesta en acto de lo que carece de una definición concluyente. Todas ellas permiten repetir con Rimbaud: “Je est un autre”, “Aquí no hay nadie y sin embargo hay alguien”.

 

15: ¿A qué artistas en cuya obra prime el sarcasmo, la mordacidad, el ingenio, la acrimonia, la sorna, la causticidad… destacarías? 

RFO: Como le escuché decir cierta vez al poeta Alberto Girri, “De ese lado no duermo”. Por lo que me cuesta destacar un artista o una obra en la que primen dichas expresiones. Exceptúo de este rechazo al “ingenio”, que, por el contrario, sí me seduce, y que tiene la virtud de conducirme, inevitablemente, a un nombre y a una obra que son su paradigma: Cervantes y El Quijote.

 

16: ¿Qué apreciaciones no apreciás? ¿Qué imprecisiones preferís?…

RFO: No aprecio la efusividad sentimental, la incontinencia verbal, la teatralización de los afectos. Estoy formado en una ética austera que traza una línea entre la vida privada y la pública.

En cuanto a las imprecisiones preferidas, destaco aquellas que son fruto de los matices, de las distintas gradaciones del color, de los claroscuros de la emoción. Me refiero al horizonte de lo aún no pronunciado.

 

17: ¿Viste que uno en ciertos casos quiere a personas que no valora o valora poco, y que en otros casos valora a personas que no quiere? ¿Esto te perturba, te entristece? ¿Cómo “lo resolvés”?

RFO: Fui durante más de treinta años funcionario judicial y esto me adiestró en tratar de ser ecuánime y en poner humildemente en práctica la levinasiana responsabilidad anterior, preexistente, ante el otro (Emmanuel Lévinas). Y mi poesía se llevó bien con esa conducta, ya que me acostumbró, a su vez, a prestar atención a lo distinto —aún más, a interesarme por lo distinto—, como provechosa lección para reflexionar y a la cual —como un deber— adaptarme.

 

18: ¿El mundo fue, es y será una porquería, como aproximadamente así lo afirmara Enrique Santos Discépolo en su tango “Cambalache”? 

RFO: No el mundo, sino, en todo caso, ciertos episodios, temperamentos y etapas del mundo. La crisis económica del ‘30 y las casi inmediatas guerra española y segunda guerra mundial fueron, sin duda, algo detestable, en las que se vieron las peores caras de la criatura humana. Pero el mundo tuvo y tiene otras caras más dignas. Pensemos en la mirada —contemporánea de aquellos sucesos— de Nikos Kazantzakis, oponiendo a la tragedia la ternura vital de “Zorba, el griego”. O en esta otra gema de conciliación y esperanza que afirma: “De vez en cuando la vida / toma conmigo café…” de Joan Manuel Serrat.

Tengo una visión más positiva que la propuesta por “Cambalache”. Pero no voy a refutar a Discépolo. El poema tiene una unidad semántica, sonora y estilística que hacen de su reproche social una “verdad” de probado valor artístico. Entiendo, no obstante, que lo suyo fue una respuesta puntual a hechos y circunstancias también puntuales, que universalizó a fin de darle mayor impacto a la emoción.

 

19: Por la fidelidad y entrega a una causa o proyecto, ¿qué personas (de todos los tiempos y de todos los ámbitos) te asombran?

 

RFO: Sócrates, Jesucristo y Leonardo. Tres esferas bien distintas (introduzco también la dimensión trascendente) en las que encuentro valores que me asisten y me fascinan: Sócrates por la fidelidad a sus convicciones, Jesucristo por instaurar la doctrina del amor y Leonardo da Vinci por apostar su potencia creativa a la carne y a la geometría con la misma intensidad.

 

20: ¿Qué te hace “reír a mandíbula batiente”?

RFO: No sé si “a mandíbula batiente”, pero sí con probado encanto, en mi infancia estuve más inclinado a reír con Laurel y Hardy que con Chaplin. Ahora la preferencia se ha invertido y es Chaplin quien me produce mayor contento. Eso sí: con la atención creciente puesta en el humor cultivado y acrobático de Buster Keaton.

 

21: ¿Cómo afrontás lo que sea que te produzca suponerte o advertirte, en algunos aspectos o metas, lejos de lo que para vos constituya un ideal?

RFO: Con resignación y alguna cuota de humor, ya que a esta altura de la vida sé muy bien que los ideales no siempre se alcanzan. Que son metas, vislumbres, puertos. Que su mayor virtud es la de imponer un rumbo (como la de esos faros que no evitan los naufragios, pero ayudan a continuar la navegación).

 

22: El amor, la contemplación, el dinero, la religión, la política… ¿Cómo te has ido relacionando con esos tópicos?

RFO: Con el amor, bien: creo que sé querer y siento que soy querido (aunque de nada de esto hago una manifestación). Contemplación es lo que hago a diario (frente a la naturaleza, ante las personas y los sentimientos, desarrollando la experiencia de las formas simbólicas). Con el dinero nunca se sabe, pero como soy sobrio no siento carencias. La religión es el gran horizonte: la palabra misma encierra en su raíz latina una acción que me reconduce: religare. Y, por fin, con la política no he mantenido otro vínculo que el de procurar comportarme como buen ciudadano, atento a mis deberes y celoso de mis derechos.

 

23: ¿A qué obras artísticas —espectáculos coreográficos, films, esculturas, música, pinturas, literatura, propuestas teatrales o arquitectónicas, etc.— calificarías de “insufribles”?

RFO: En primerísimo lugar: a un programa televisivo conducido por un gritón que desde hace años festeja falazmente a sus participantes y con igual énfasis se burla de ellos, antes, durante y después de sus números de danza.

 

24: ¿Qué calle, qué recorrido de calles, qué pequeña zona transitada en tu infancia o en tu adolescencia recordás con mayor nostalgia o cariño, y por qué?…

RFO: El corto tramo que va desde la calle 7 y 61 de La Plata, en donde estaba mi casa familiar, atravesando la Plaza Rocha hasta la diagonal 78 entre 5 y 6, donde vivía mi amigo Horacio Castillo. Tanto de ida como de vuelta, infinidad de veces transitamos ese recorrido para compartir una lectura, leer un poema recién escrito o confiarnos algún secreto —normalmente feliz— de nuestras vidas.

 

25: ¿Cómo reordenarías esta serie?: “La visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. Digamos que un reordenamiento, o dos. Y hasta podrías intentar, por ejemplo, una microficción.

Rafael Felipe Oteriño con Adolfo Bioy Casares en Mar del Plata, 1967

RFO: Ay, Rolando, me ponés en un brete. No soy proclive a los juegos de ingenio ni a las adivinanzas. Las palabras son para mí un mundo dentro del mundo. Hablan de las cosas, pero no son las cosas. Dejo que sean ellas las que me visiten, para recién luego comenzar yo mi labor. De don y trabajo, he hablado antes, con la mira puesta en conferirle forma verbal al impulso que me lleva a escribir. Me quedo, pues, del lado de Dylan Thomas, cuando muestra asombro (él le llama “enamoramiento”) frente a las palabras: “Ahí están ellas, aparentemente inertes, hechas de blanco y de negro, pero de su propio ser surgen el amor, el terror, la piedad, el dolor, la admiración, todas esas abstracciones que hacen peligrosas, grandes y soportables nuestras efímeras vidas” (“Manifiesto poético”).

 

26: “Donde mueren las palabras” es el título de un filme de 1946, dirigido por Hugo Fregonese y protagonizado por Enrique Muiño. ¿Dónde mueren las palabras?…

RFO: En las zonas bancarias, al mediodía, cuando lo único que parece importar son la suma y baja de las cotizaciones en las pizarras de la Bolsa y los sueños profanos de sus intérpretes. Pero también mueren en las páginas mal escritas, en las obras traducidas sin rigor y en la impotencia de la propia lengua para elaborar la palabra que falta.

 

27: ¿Podés disfrutar de obras de artistas con los que te adviertas en las antípodas ideológicas? ¿Pudiste en alguna época y ya no?

RFO: Sí, puedo. Las obras me deslumbran por su capacidad retórica y por la imaginación que despliegan. Cuando esto se cumple, me rindo ante su presencia y en mi interior siento crecer un entusiasmo que se expresa muy bien con la palabra “admiración”.

 

28: ¿Cómo te cae, cómo procesás la decepción (o lo que corresponda) que te infiere la persona que te promete algo que a vos te interesa —y hasta podría ser que no lo hubieras solicitado—, y luego no sólo no cumple, sino que jamás alude a la promesa?

RFO: Siento desilusión y trato de comprenderla. Luego vendrán otros resortes del espíritu menos nobles que me llevarán a imaginar intenciones ocultas (que normalmente cierran en algo mucho más simple: se olvidó). Pero lo cierto es que difícilmente puedo borrar del todo ese olvido: su mutismo ulterior queda flotando en mí con la fuerza de una interrogación.

 

29: No concerniendo al área de lo artístico, ¿a quiénes admirás? 

RFO: Admiro a los dotados de gran inteligencia, rica sensibilidad, probada maestría, vasta cultura, sano liderazgo. Y entonces aparecen en desordenado tumulto: Georges Steiner, Simone Weil, René Favaloro, Jorge Luis Borges, José de San Martín.

 

30: ¿Tus pasiones te pertenecen o sos de tus pasiones? Pasiones y entusiasmos. ¿Dirías que has ido consiguiendo, en general, distinguirlos y entregarte a ellos acorde a la gravitación?

RFO: Pienso que ambas cosas: me pertenecen y soy movido por ellas. Aunque debo decirte que me veo menos sujeto a las pasiones (en cuanto fiebres o fanatismos) que a los entusiasmos (más próximos al buen ánimo y la alegría), seguramente por la contención que opera en mí en cuanto a los excesos. Las pasiones son más fuertes y duraderas que los entusiasmos, aunque las dos confieren una vitalidad que me impulsa a ir más lejos.

 

31: ¿Qué artistas estimás que han sido alabados desmesuradamente?

 

RFO: Me viene uno a la mente: el artista plástico británico Damien Hirst, que expuso un tiburón dentro de una caja de vidrio con formol. Comprendo que la novedad y la sorpresa son componentes del fenómeno artístico, pero creo advertir que algunas modalidades del arte conceptual y de las instalaciones abusan de la idea como arte, descuidando el valor atinente a la realización en sí de la obra. De todos modos, la exaltación de la obra de arte nunca es perniciosa, pues el tiempo se ocupa de poner las cosas en su lugar.

 

32: ¿Acordarías, o algo así, con que es, efectivamente, “El amor, asimétrico por naturaleza”, tal como leemos en el poema “Cielito lindo” de Luisa Futoransky? 

RFO: No creo que el amor sea “por naturaleza” asimétrico. Dicha condición ha de ser, a lo sumo, uno de los tantos episodios del amor. Extremar el punto de vista es uno de los recursos de la construcción poética y de todo el arte en general, con el objetivo de ensanchar el escenario de expectación. Seguramente, eso es lo que hizo Luisa Futoransky.

 

33: ¿El amanecer, la franca mañana, el mediodía, la hora de la siesta, el crepúsculo vespertino, la noche plena o la madrugada?

RFO: El amanecer, soy diurno. Mis horas preferidas son las de mayor luz natural, cuando todo parece comenzar o recomenzar. Flaubert escribía durante la mañana, dormía una corta siesta y luego corregía lo escrito durante la tarde y hasta muy entrada la noche. Yo veo con simpatía esa modalidad, solo que siesta no duermo y que pongo término al día antes de la medianoche. La caída del sol me estimula para la conversación.

 

34: ¿Qué dos o tres o cuatro “reuniones cumbres” integradas por artistas de todos los tiempos y de todas las artes nos propondrías?

RFO: Recuerdo con felicidad de oyente la reunión cumbre entre Astor Piazzolla y el saxofonista Gerry Mulligan, allá por los años ‘70, y la más reciente entre los tres tenores Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras. Me gustaría asistir a otras que idealizo: la de Sócrates y Platón, la de Keats y Shelley, la de Michel de Montaigne y Étienne de La Boétie. Y aquella también eminente (epistolar en su última etapa) entre Walter Benjamin y Theodor W. Adorno.

 

35: Seas o no ajedrecista: ¿qué partida estás jugando ahora?… 

RFO: No soy ajedrecista; observo el juego desde afuera, pero siempre me ha seducido ese modo pacífico de concluir la partida que es “hacer tablas”. Lo tomo como una invitación a reiniciar la partida.

Traslado esa figura a la vida y me consuela con su imagen de no vencer y no ser derrotado. Hacer tablas, empezar de nuevo, mover otra vez los peones. El misterio se mantiene intacto.

 


Cuestionario respondido a través del correo electrónico: en las ciudades de Mar del Plata y Buenos Aires, distantes entre sí unos 415 kilómetros, Rafael Felipe Oteriño y Rolando Revagliatti, 20 de agosto de 2020.

www.revagliatti.com